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Foliares en maíz, claves para reconocerlas y controlarlas

25de Noviembre   de 2019

La roya común y el tizón foliar son las dos enfermedades que más impactan al cultivo de maíz, provocando importantes pérdidas en los rindes. Es indispensable conocer ante qué problemas nos enfrentamos y con qué herramientas contamos para controlarlas.

El manejo de enfermedades en el cultivo del maíz es un verdadero desafío. Los brotes dependen de varios factores como: la presencia de un patógeno, el manejo del cultivo y el medio ambiente. Cuando interactúan en una combinación adecuada, se genera un espacio propicio para que una enfermedad se desarrolle. 


Para controlar efectivamente enfermedades en el cultivo del maíz, es preferible prevenir y manejar un brote cuando está en niveles bajos, y no tratar de controlar la enfermedad cuando ya está en desarrollo. El monitoreo en todas las etapas del cultivo es fundamental para detectar síntomas y poder actuar rápidamente. La proliferación de enfermedades como la roya y el tizón son una realidad en casi todo el país. 


Las enfermedades foliares como la roya y el tizón común causan clorosis y/o necrosis, con el consecuente mal funcionamiento y destrucción de los tejidos fotosintéticos. Esta limitación de la intercepción de la radiación solar y la translocación de foto-asimilados limitan las fuentes para el llenado de los granos. Esta situación fisiológica, a su vez, aumenta en maíz la predisposición a las pudriciones de raíz y tallo, y la probabilidad de vuelco y quebrado durante la cosecha.


Los tizones y manchas foliares son ocasionados por patógenos que sobreviven en el rastrojo con  períodos de latencia largos, por lo que pueden estar presentes en el cultivo mucho antes que cualquier sintomatología.


Si bien la medida inicial para controlar estas enfermedades es la resistencia genética, el uso de fungicidas foliares ha ido aumentando como consecuencia de una mayor prevalencia e intensidad de éstas. Podríamos afirmar que la roya y el tizón común son las principales enfermedades que requieren intervención química. 

Roya del maíz (Puccinia sorghi)


Es la enfermedad más común en los cultivos de maíz, extendida por casi todo el mundo. Es una de las enfermedades endémicas en Argentina, por lo que se presenta todos los años pudiendo manifestar diferentes niveles de severidad. El ambiente más propicio se presenta cuando se combina una alta humedad relativa y temperaturas frescas. La temperatura ideal para la germinación de sus esporas es de 17 C.


Su agente causal es el hongo Puccinia sorghi. Suele aparecer cuando el maíz se acerca a la floración. La enfermedad se inicia en las hojas con una coloración amarilla visible por ambas caras que luego pasan a tonos entre rojos y negros. 
 

Luego de varias décadas de estudio se pudo determinar que la resistencia genética constituye la principal estrategia para limitar el desarrollo de la enfermedad y por consiguiente sus efectos sobre la producción. La resistencia a roya común en maíz es de dos tipos: específica y general. La resistencia específica, o resistencia Rp, se expresa como una reacción de hipersensibilidad con diferentes tipos de infección, y se hereda generalmente de modo simple y dominante. Varios de los genes Rp en forma individual confieren altos niveles de resistencia. Un compuesto de genes Rp, es decir un germoplasma que lleva uno o más genes Rp unidos pueden generar resistencia no raza específica. 


Por otro lado, la resistencia general está dada por genes menores y se incrementa en hojas maduras, es efectiva en todo tipo de maíces y puede estar asociada con la tasa en la cual un genotipo forma hojas maduras. El grado de expresión de varias formas de resistencia general parece depender muy estrechamente del ambiente en el cual esa resistencia es evaluada. En nuestro país se presenta el ciclo completo de la enfermedad, cosa que no ocurre en otros países.


La aplicación de fungicidas puede ser una estrategia promisoria dependiendo de la tecnología de aplicación. Se recomienda el control químico con fungicidas mezcla de estrobilurinas y triazoles en momentos críticos desde estado vegetativo V8 (8 collares foliares presentes) a R1 (algunos estigmas visibles). Es fundamental proteger la hoja de la espiga, y las hojas inmediatamente superior e inferior que representan aproximadamente el 33 a 40% del área total de la planta.
 


 

Tizón (Exserohilum turcicum)

El tizón común es ocasionado por el hongo Setosphaeria turcica (anamorfo: Exserohilum turcicum) con una aparición esporádica y generando una limitante del rendimiento. Requiere mayor atención en siembras realizadas en diciembre y enero, con presencia de rastrojo en superficie o frecuentes e intensas precipitaciones durante los meses estivales.

Uno de los primeros síntomas consiste en la aparición de manchas pequeñas, ligeramente ovaladas y acuosas, de color pajizo con halo húmedo que se producen en las hojas. Estas lesiones se transforman luego en zonas necróticas y alargadas. Los primeros síntomas se inician en hojas inferiores y prosiguen hacia la parte superior de la planta. Por lo general las espigas no son afectadas por el patógeno.  Este hongo sobrevive como micelio y conidios en el rastrojo, logrando permanecer en forma libre en el suelo, diseminando la enfermedad por efecto del viento a grandes distancias. 

Pensando en el futuro


Originalmente, los bioestimulantes se conocían más por sus efectos en el cultivo que sus modos de acción sobre las plantas. Esto día a día va cambiando ya que la tecnología e investigación está permitiendo identificar nuevos compuestos bioactivos y microorganismos beneficiosos. Así también el conocer con mayor precisión cómo actúan dentro de la planta, qué mecanismos bioquímicos y fisiológicos están involucrados. Sin duda, y contemplando las variables a tener en cuenta en la producción intensiva actual, los bioestimulantes son productos necesarios para lograr desarrollar una agricultura eficiente y sustentable.

 

En ataques graves, la enfermedad avanza hacia arriba, las hojas se deforman, marchitan y finalmente se secan, se rajan longitudinalmente y la planta muere. Las hojas externas de las espigas también presentan manchas de diversos tamaños.
Según ensayos realizados con aplicación de fungicidas mezclas (triazol + estrobilurina, y triples mezclas con carboxamidas), en el período comprendido entre V10 y R1, estas lograron reducir la incidencia de tizón en la planta y la severidad del estrato medio y superior en rangos de 60 a 70% según el híbrido involucrado, siendo fundamental el nivel de enfermedad inicial.

Algunas recomendaciones a tener en cuenta

  • La rotación es una herramienta con impacto directo en la reducción del inóculo primario de una enfermedad ocasionada por patógenos que sobreviven en el rastrojo.

  • Seleccionar fungicidas con al menos dos principios activos: triazol y estrobirulina (residualidad y protección).

  • Las buenas prácticas culturales colaboran disminuyendo el impacto de las enfermedades (fecha óptima de siembra, cosecha oportuna, fertilización equilibrada).

 

​​Roya

  • En maíces de primera elegir híbridos tolerantes.

  • La revisión de hojas debe ser temprana: en V8 o V10.

  • El control con fungicida debe aplicarse en V10 o V12 (no llegar con más de un 5% de roya a R1).

  • En maíces de segunda, elegir híbridos de cañas fuertes (complicaciones posibles por podredumbre de raíz y tallo).

 

Tizón

  • Período de latencia largo, de 45 a 60 días con condiciones de alta humedad en estado vegetativo (monitoreo  temprano).

  • Evaluar la incidencia realizando determinaciones de lesiones por hoja

  • Medir la severidad (se considera lesión a la afectación no mayor a 2-3 centímetros por el ancho de un dedo).

  • Aplicar fungicidas ante detección de una lesión por hoja, o 1.5 de severidad.

  • Aplicar fungicidas entre V8 hasta R1. ¡Nunca pasados 15 días de R1!